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domingo, 17 de marzo de 2019

El Ferrocarril de Sonora


El imperio de las diligencias en Sonora no duró mucho. Fue reemplazado por el Ferrocarril  de Sonora, inaugurado en Nogales en 1882, dos años después del establecimiento de la Aduana.

Su construcción empezó en 1880 en Guaymas para ir a Hermosillo y de allí al Paso, Texas. Llegada la vía a Hermosillo, el Ing. Antonio Moreno encontró que si se cambiaba la ruta de Hermosillo al Paso y se construía a Magdalena, para ir de allí al Paso, se hacía mucho más barata la obra.

Y aún después, se cambió ésta nuevamente desde Magdalena, para cruzar  la frontera  por el rancho los Nogales y conectar con el ferrocarril que ya se construía en el Sur de Arizona, el Arizona and New Mexico, y así fue cómo el lugar en donde surgiría esta población entró a la historia. 

Esta ruta se inauguró el 25 de octubre de 1882.  Es decir, dos años después del establecimiento de la aduana federal local, y dos antes de la fundación de Nogales como Municipio; después, los invitados fueron llevados al Hotel Santa  Rita en Calabazas (cerca del campo actual de Golf de Río Rico), a un banquete preparado ex profeso.

Sin embargo, el ferrocarril no alteró inmediatamente las costumbres de los sonorenses. En 1883, primer año completo de su funcionamiento, se importaron 1.4 millones por Guaymas, mientras que Nogales reportó apenas $157 mil. Las razones eran los altos precios hechos por la compañía, que únicamente ofrecía servicio de primera clase de pasajeros (tres cts. por kilómetro); y aunque estaba incluido en el contrato, no había de segunda (2 centavos por kilómetro) ni tercera clase (3 centavos por  kilómetro). Así, un boleto entre Guaymas y Nogales costaba $12.75

En 1883, el tren salía de Guaymas a las 12:45 de la tarde,  y llegaba a Nogales hasta las 3:30 de la madrugada siguiente. En sentido contrario, salía de Nogales a las 9:00 PM, para llegar a Guaymas a las 11:45 de la mañana del día siguiente. La única razón de esta disposición era no hacer perder el tiempo a los pasajeros en Arizona en su trasbordo  con el tren que iba de Tucsón al Paso.

En 1885, el ferrocarril abrió sus oficinas centrales en Nogales inaugurando con ello la tendencia generalizada de instalar en Nogales las oficinas generales de las principales compañías del Estado, a pesar de las peticiones de los guaymenses en el sentido de que no lo hicieran. Así, Nogales empezó a poblarse a expensas de Guaymas, a lo que se unió el hecho de  que los talleres del ferrocarril en el extremo Sur de la línea, se cambiaron de Guaymas a Empalme, poblado que fue construido ex profeso por la compañía, y de Hermosillo.

También en 1885, finalmente las continuas quejas de los sonorenses, llevaron a  la compañía a cambiar sus tarifas y horarios para alentar a los sonorenses a utilizar al tren. De esta manera, de 33,000 pasajeros habidos en 1883, para 1911 se alcanzaron 253,495 mientras que la población sonorense se duplicó, de 108,000 en 1883, a 220,000 en 1910. El ferrocarril había cambiado para siempre a Sonora.

domingo, 10 de marzo de 2019

Las diligencias

Hay muchos malentendidos sobre los viajes de diligencias en Sonora, antes del ferrocarril. Uno de ellos era la  velocidad, ya que la que la que permitían los viajes por los polvorientos caminos de Sonora, era de un máximo de alrededor de 15 Km/h. 

“la diligencia tenía tres asientos, ocupados por nueve pasajeros. Debido a que los ocupantes de los asientos frontal y de en medio quedaban frente a frente, era necesario que estos seis individuos entrelazaran los pies; y como había sólo espacio adentro para diez de los doce pies, cada lado de la diligencia iba adornada con un pie que a veces colgaba cerca de la rueda y a veces trataba vanamente de encontrar apoyo… [mientras que la valija] pesada de correos que aplastaba la parte trasera, nos mantenía a los que íbamos en el asiento delantero constantemente inclinados hacia adelante, quitándonos todo apoyo de nuestras espaldas, haciendo el descanso imposible… la fatiga del viaje ininterrumpido de día y de noche en esa diligencia hacinada, en las posiciones más incómodas, lo que nos empezaba a afectar seriamente a todos los pasajeros, produciendo una condición que se acercaba a la locura… En algunos pasajeros esta manía temporal se desarrollaba a tal grado que por su propia seguridad y la de los demás pasajeros se hacía necesario dejarlos en la estación más cercana, en donde el sueño comúnmente los restauraba, antes de la llegada de la próxima diligencia la siguiente semana… ejemplos han ocurrido que algunos viajeros han brincado de la diligencia en esta condición y caminado hasta morir de sed en el desierto.” 

Para entender mejor la situación entonces, es necesario acudir al manual de reglas de urbanidad de la compañía Wells Fargo, que prohibía consumir alcohol, aunque si se consumía éste, era recomendable compartirlo. 

Además, prohibía fumar puros o pipa, y si se mascaba tabaco, debían de tirarse los escupitajos por la ventana abierta y a favor del viento. Además, había una serie de disposiciones contra roncar en el camino, y hacer uso de las armas, que por otro lado, no estaban prohibidas. El peligro era que se asustaran las bestias de la diligencia. Y para terminar, la recomendación expresa de que los temas de conversación fuesen innocuos, sin manejar temas de indios o de atracos a diligencias. 

Ya mencioné anteriormente, en otro artículo, las rutas de diligencias que había en el Norte de Sonora. Recordemos que Sonora era una entidad prácticamente desprovista de ciudades. Unicamente había las de Álamos, Guaymas y Hermosillo.

En el Sur, había una línea de diligencias, de Álamos a Mazatlán, en tres corridas a la semana, saliendo los días martes, jueves y sábados de Álamos, y pasando por El Fuerte, Sinaloa y Culiacán; otra más de Álamos al puerto de Guaymas; de donde salía por barco, dirigidas hacia afuera de Sonora, ya que no había comunicación terrestre al exterior.


 Había dos rutas internacionales: de Guaymas a la Paz, de la Paz a San Diego, y de allí a San Francisco; la segunda de Guaymas a Centro y Sudamérica, luego al estrecho de Magallanes y en seguida a Europa. 

Había otra, nacional por la costa del Pacífico, de Guaymas-Altata-La Paz-Mazatlán-San Blas y Manzanillo.

La educación secundaria y preparatoria que nos tocó.

La educación que nos tocó llevar en nuestra infancia y juventud fue muy buena en México, alguien la recordará: los turnos duraban todo el d...